Parecía que podía disimular un poco y dormir algo, pero sólo lo parecía. A las 7 y algo de la mañana ya tengo los ojos como platos, aunque mi cerebro y mi cuerpo están apagados. Veo a cámara lenta cómo Carol corre por la casa porque se ha dormido. Un rato y un café después reacciono y arranco. Entro un poco más tarde pero no me cunde para nada el tiempo que tengo de regalo.
La charla de "Safety & Protocol, mandatory for check out" es bastante clarificadora: la escuela es una máquina tragaperras. 19 dolares con 50 el rollo de 30 metros de 16mm, 20 dolares si lo compras en el almacén en vez de en el despacho, que abre hasta más tarde y está a unos 5 metros de distancia. Sólo nos dejan trabajar con reversible blanco y negro de 200 ASA. El revelado son 27 dólares por rollo, un precio bastante competente, las cosas como son, que incluye el telecinado, que casi sería mejor que se lo ahorraran porque hace tanto que no limpian la máquina que siempre parece que has rodado a una araña tejiendo redes en el desierto, por no hablar de la colección de pelucas que se podrían hacer con lo que te vas encontrando por el camino de fotograma a fotograma. En resumen: clinc, clinc... a la buchaca. Para el primer proyecto tenemos que usar 2 rollos + 2 revelados = a una birria de ejercicio de clase por el módico precio de 121 dolares. No está mal para empezar.
Nos sobra un rato antes de volver a clase, así que salimos, despistados, a Union Square, eso de que de repente nos dé el sol, no sé hasta qué punto nos sienta bien. Hoy me dan tiempo para comer y no tengo ganas de comer, no acierto nunca.
Volvemos a enseñar el ID y ya estamos sentados en el laboratorio de edición. Terminantemente prohibido comer o beber nada, bajo pena de muerte a juzgar por la cara con la que lo explican. Dentro de la sala sólo está permitido un tipo de disco duro, que la escuela vende por el módico precio de 155 dolares, suma y sigue, que ya estoy cerca de pillar la combinación de tres diamantes para el premio gordo.
Empezamos viendo un trozo de una película documental sobre el montaje, que curiosamente en los primeros 20 minutos se las ha ingeniado para no nombrar a los rusos.
Al final me toca saludar al señor Final Cut, con lo bien que me llevo yo con él. Pasada una hora descubro que el teclado de colores puede hacer milagros y que lo que creía un hecho heroico no es más que la combinación de dedos que aprietan teclas a la vez.
Acabada la clase de piano visual quedo con mi equipo de trabajo, somos cuatro: Aline (Suiza), Djibril (canadiense), Lucas (brasileño) y yo. Mañana arranca la maratón de rodajes que tenemos en fila india. Me gusta mi equipo, somos una combinación un tanto surrealista, pero creo que nos entendemos.










